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¿Tienen descompensación horaria los ecosistemas forestales del mundo?

José  M. Moreno y Víctor Resco de Dios (*) · Imaginemos que pudiésemos trasplantar un bosque de Toledo a Sídney transportándolo en un avión y, al llegar, midiésemos sus constantes de funcionamiento, tales como su intercambio de dióxido de carbono. ¿Sufriría el bosque de descompensación horaria, tal como lo hacen los pasajeros de cualquier vuelo? Pues la respuesta es que probablemente sí.

Un estudio reciente, liderado por investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha, Europa y América ha descubierto que el reloj biológico interno, que tanto hace padecer a los viajeros de avión cuando cruzan los husos horarios, parece operar también al nivel del ecosistema completo en la regulación de la fotosíntesis, el proceso que permite la fijación del dióxido de carbono por las plantas.

La fotosíntesis de las plantas responde rápidamente a los cambios que se dan en las condiciones ambientales. De esta manera, la fotosíntesis se detiene por la noche, cuando no hay luz. Sin embargo, se sabía desde hace tiempo que si se encierra una planta en una cámara de cultivo durante unos cuantos días y se mantienen constantes las condiciones de temperatura, luz y otros factores, encontramos que la planta hace más fotosíntesis cuando “cree” que es de día que cuando “cree” que es de noche, al menos durante unos pocos días. Obviamente, encerrar varios ecosistemas del mundo para comprobar si su funcionamiento es igual que el de una planta no es posible, de ahí el reto de demostrar cómo funcionan los ecosistemas completos.

El nuevo estudio muestra que el efecto de este reloj de la actividad metabólica, junto con otros procesos, puede ser el causante de  regulación de la fotosíntesis del ecosistema entero. Quizás, uno de los aspectos más sobresalientes de este descubrimiento es que el efecto de un proceso genético, como el del reloj biológico interno de las plantas, puede detectarse al nivel del ecosistema entero. Conocer mejor cómo el reloj biológico y otros reguladores internos puede mejorar nuestros modelos de intercambio de carbono y ayudarnos a entender mejor cómo el planeta fija el carbono atmosférico. Por supuesto, la historia completa es más compleja, y sus detalles pueden encontrarse en la revista Global Change Biology.

(*). Departamento de Ciencias Ambientales, Universidad de Castilla-La Mancha, Toledo.