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La emoción convertida en hermoso sentimiento

Manuel Muñoz Moreno · ¡Qué situación tan singular, que gran grupo protagonizándola!  La emoción,  una cualidad que adorna la actividad deportiva, ha sido para mí todo un descubrimiento. Y la lágrimas que derramé a solas porque me dio vergüenza verterlas delante de todos; y se las oculté a mi mujer y me salieron de madrugada, recordando las horas de la noche anterior.

Se vuelcan con potencia en mi memoria Gracia, la primera, porque ella transmitió la importancia de ese momento pero estaban Pablo y Elisa, Fernando, Quico y Rosa, José Antonio y Victoria, Ángel y  Carmen,  Mario y Toñi, José Luis, Miguel Ángel (mentor y observador de mis reacciones) y Marina. El mundo entero, pues todo el mundo con Begoña incluida estaba allí, y la emoción que me hacía no decir palabra: entonces cuando más se necesita te quedas absorto como  en otra ala de un edificio imaginario, viéndolos a todos y la emoción, hermosa eso sí, tan hermosa que se me salía del espíritu y quería irse en agua a través de los ojos.

Pero aguanté, tal vez cobarde, hasta el amanecer para derramarlas  a solas. ¿Qué clase de personas hacen eso, hacer temblar a un adulto como a un niño? ¡Qué extraordinaria la actuación de nuestro cuatro arqueros: Fernando elocuente en sus explicaciones, la gente asombrada ante la complejidad  o sencillez de las armas  que se le presentaban; el disparo de Quico, haciendo un “robin” en los ensayos (y perdiendo una flecha, que ya cuesta) y Ángel certero y todos certeros! Y la emoción que se desparramaba, se derramaba por todos los rincones por donde iba esta buena gente. Y yo que tenía prisa, que no quería que la emoción me desbordara, que sabía que me estaba conteniendo, que dudaba de mis fuerzas para no venirme abajo y llorar allí mismo o en el bar de Santi o en la calle Mayor. Y Gracia que sabía que estaba nervioso y poco centrado como un niño asustadizo que es lo que era. Y un grupo tan fuerte.

Y esa armonía que se quedará grabada en mi memoria, en mis recuerdos que espero no se confundan jamás para que me duren hasta el final de mis días como un tesoro enorme. ¿Qué hace de una emoción una corriente capaz de sacudir a un grupo, elevándolo de nuevo a la infancia, a la niñez, haciéndolo de pronto otra vez joven, muy joven?  Y todos que iban enriqueciendo poco a poco esa hermosura, esa emoción hasta convertirla en belleza, en un sentimiento noble, hermoso y bello que nos embargará toda la vida.

Ahora sé lo que otros han vivido antes que yo y lo que vivirán todos los que después reciban estos galardones. Y sé que sabré comprender hasta la raíz ese sentimiento que nos vuelve vulnerables y grandes y niños y jóvenes. Actos que siembran amistad, lazos de cariño fuertes, irrompibles como las cadenas que sujetaban al semidiós o titán Prometeo, pero para nosotros, amarrados a una roca de comprensión, de afecto y amor.