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José Tomás: un desafío a la muerte

Carlos Santos-Ruiz Rodriguez-Arias · Carlos Santos-Ruiz Rodríguez-Arias. José Tomás Román Martín, matador de toros español, gran figura, enorme, de la tauromaquia y conocido como José Tomás en los carteles, nació en la localidad madrileña de Galapagar el 20 de agosto de 1975. Su llegada a las grandes ferias a mediados de los años 1990 revolucionó el mundo de los toros. Sus actuaciones en Madrid, donde se proclamó triunfador de la Feria de San Isidro tres años consecutivos (1997, 1998 y 1999), marcaron un antes y un después en la historia del toreo.1 Retirado en el año 2002, su regreso en 2007 ha vuelto a despertar una gran expectación en cada una de sus apariciones.Al margen de su actividad taurina, José Tomás ha llamado la atención por su personalidad, sobre la que se han escrito artículos y obras como «Reflexiones sobre José Tomás», donde participaron personalidades del mundo de la cultura como Vicente Amigo, Albert Boadella y Joaquín Sabina.

Hombre callado e introvertido, es muy celoso de su privacidad y apenas tiene trato con los medios de comunicación, a los que casi nunca concede entrevistas ni permite que se televisen sus corridas. Se muestra distante con sus admiradores, aunque sin negarse tajantemente a firmar autógrafos y dejarse fotografiar. Su relación con la gente del mundo del toro es también escasa y, de hecho, desde su reaparición en 2007 está apoderado por el músico y escritor Salvador Boix, ajeno hasta entonces al negocio de los toros. En los momentos previos al inicio de las corridas, también da muestras de su singular personalidad, sobre la que se ha dicho que es misteriosa, hermética y serena. A diferencia de otros toreros, no acude a la capilla ni se santigua antes del paseíllo. Prefiere apartarse de sus compañeros y de los periodistas presentes en el patio de cuadrillas, y ceremonias como la de liarse el capote las realiza sin ayuda de nadie.

Ha dado muestras de su preocupación por las injusticias, comprometiéndose con distintas causas, realizando diversas corridas benéficas y creando en 2009 una fundación que lleva su nombre.[] Personas cercanas a él dicen que se caracteriza por su ansia de libertad, su independencia y su carácter solitario y reflexivo. Sin embargo, mientras que, para algunos, detrás de su actitud hay un hombre con una gran vida interior, para otros se trata simplemente de una campaña de marketing que buscaría atraer más al público.

No estamos ante un suicida, como muchos taurinos apuntan. Estamos ante un hombre, que está haciendo historia en la tauromaquia, un mito del toreo como lo ha sido el gran Manolete, Pepeillo, Belmonte…[He podido percibir una plaza llena, un grito de “olé “, una lagrima de emoción en un anciano, un toreo desgarrado, una mirada de un torero perdida en su público, un aplauso rompedor y una tarde llena de sentimientos.

Sí, yo defiendo el toreo arriesgado, que consigue lo que a todo taurino le gusta, salir de la plaza emborrachado en adjetivos para describir la gran faena que ha presenciado, soñar constantemente con esa mágica tarde y poder contarlo a toda persona que se cruza en su camino. Un torero se es tanto dentro, como fuera de la plaza, y él  lo es. ¿Por qué? Por una sencilla razón, cuando preguntas a una persona de la calle por José Tomás, solo saben que es un torero, nada más. Es desconocido en todos los demás aspectos, a diferencia de otros muchos toreros. Todo el mundo, el día en el que no esté, le recordará como un maestro de maestros, un torero arraigado a unas costumbres, humilde, sencillo, carismático, y con una valentía difícil de superar, un torero que roza la muerte cada tarde, la roza hasta poder besarla una y otra vez, y ahí sigue, luchando por hacer lo que más le gusta torear.

Somos muchos los seguidores fieles del rey del toreo, fieles que lloramos de alegría cuando le vemos, y lloraremos de pena cuando nos deje. Muchos dicen que morirá en el albero, no lo sé, puede ser, pero si esto ocurre, tengo la certeza que empezará a hablarse de un gran mito, y estará en el recuerdo de todos los que le pudimos ver entregándose en cuerpo y alma. Si alma, el maestro Belmonte decía: “para torear bien, hay que olvidarse del cuerpo, se torea con el alma, como se canta o se baila”.  El principal  defecto, que muchos taurinos dicen de este, son los enganchones con la muleta. Razón no les falta, pero que vamos a esperar de un hombre que se pasa los pitones del toro a escasos centímetros del cuerpo, que realiza pases al natural tan largos y despacio, como si del toreo de salón se tratara, es normal que algún enganchón tenga, pero eso no quita el gran mérito que tiene de hacer eso, que muchos llaman perfección.