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Eso que un día os enseñó un maestro

Luisa Real Aguado. Profesora de Educación Física · Sí, soy maestra, y no es solo que eche 25, 29 ó 34 horas semanales, ni el doble que mis camaradas europeos, es que normalmente echo muchas más… porque quiero, porque me encanta mi trabajo y porque veo cómo (en muchos casos a pesar de sus padres) los niños aprenden con ello, me respetan y crecen como personas en el colegio.

Y sí, también veo cómo a diario la mayoría de las personas de la sociedad (desde albañiles, muy digno el oficio, por cierto, hasta abogados) ningunea lo que hago, lo que hacemos los maestros.

Y sí, también veo cómo cuando alguno de nosotros habla de lo q trabaja en el aula con sus alumnos, provoca una sonrisa burlona en los demás, en los mismos que cuando nos miran solo ven un sueldo fijo y un ‘trabajillo de mañanas’ obtenido después de una carrera de broma y una oposición de juguete (que atrevida es la ignorancia…).

Y digo yo, ante este chollo… ¿por qué no habrán sido todos maestros?

Pues bien queridos amigos, mientras que haya niños a los que enseñar, yo seguiré siendo y sintiéndome maestra, seguiré haciendo oídos sordos a la crítica populista y al chiste barato, a la ironía de unos pobres ignorantes y seguiré trabajando ‘por y para’ mis alumnos.

Y no, no trabajaré las horas que me exija el gobierno, probablemente y como hasta ahora trabajaré muchas más, trabajaré las que sea necesario para seguir provocando en mis ‘pequeños diablillos’ una sonrisa de complicidad, un aprendizaje, una mueca de sorpresa, un silencio de respeto,  unas lágrimas de arrepentimiento o la siempre mentirosa frase de ‘no lo volveré a hacer más’ después de un mal comportamiento.

Mis compañeros y yo seguiremos enseñando y formando a los hombres y mujeres del mañana, porque creemos en lo que hacemos, porque nos gusta, porque es nuestra vocación (¿a alguien le dice algo esa palabra?) y porque a nosotros no se nos olvida una cosa.

No se nos olvida que un día, hace ya mucho tiempo, cuando una goma ‘Milán’ era nuestro mejor tesoro,  todo lo que sabíamos, lo sabíamos gracias  a un maestro. 

Hagamos un homenaje a la sensatez que se nos presupone por la condición que poseemos de seres humanos; la educación es la base del desarrollo de todo país…y le pese a quien le pese, los encargados de impartirla en primera instancia somos los maestros… unos ‘don nadie’.

Pues sí, yo soy maestra, una don nadie, ninguneada y juzgada a diario y me siento orgullosa de ello.

Luisa, maestra de lo que el 80% de estos ‘grandes’ críticos y entendidos en educación llama gimnasia.