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El viaje de Miguel Hernández y las Misiones Pedagógicas a Puertollano y Sierra Madrona

Miguel Hernández. Julio Bayo · El nombre de Puertollano forma parte de la biografía de Miguel Hernández, que llegó a nuestra ciudad en 1936 para participar en la última Misión Pedagógica en la que intervino el poeta y que le llevaría a recorrer los pueblos de Sierra Madrona.

El 29 de mayo de 1931 se crean las Misiones Pedagógicas por un decreto del gobierno de la República y a finales de ese año realizan su primera misión a Ayllón (Sevilla).

Entre 1931 y 1936 el trabajo del Patronato llegó a cerca de 7.000 pueblos de España, se realizaron un total de 196 circuitos en los que intervinieron 600 misioneros.
Hasta el 31 en marzo de 1937 se repartieron 5.522 bibliotecas con 600.000 libros. El Teatro y Coro realizó 286 actuaciones y las exposiciones circulantes de pintura pudieron verse en 179 localidades.

El objetivo de las Misiones era llevar a las gentes, preferentemente de las áreas rurales, “el aliento del progreso y los medios de participar en él, en sus estímulos morales y en los ejemplos del avance universal, de modo que los pueblos todos de España participasen en las ventajas y goces nobles reservados hoy a los centros urbanos”.

Sus actividades se centraron en el fomento de la cultura general, la orientación pedagógica de las escuelas y la educación ciudadana de las poblaciones rurales. Para ello se creó un servicio de bibliotecas, lectura de textos para generar el interés general por la literatura y la entrega de colecciones de libros en aquellos lugares que carecían de ejemplares. A ello hay que sumar la puesta en marcha de un teatro y un coro del pueblo itinerante, el Museo del Pueblo (con colecciones itinerantes de pintura), la sección de cine (con la proyección de películas), el retablo de fantoches con teatro de guiñol y un servicio de música para el préstamo de gramófonos y discos de pizarra.

En la provincia de Ciudad Real se realizaron al menos seis misiones. La primera el 15 de abril de 1933 con teatro y coro en Puerto Lápice. Del 2 al 9 de enero de 1934 en la zona de los Montes de Toledo y Cabañeros recorriendo con cine y música Luciana, Pueblo de don Rodrigo y Arroba de los Montes con la intervención de Fernando Piñuela, Sáinz, Cano, Eusebio J. Lillo Rodelgo, Cristóbal Simancas y Pelayo Tortajada. En ese mismo año volverían a esa zona,, del 4 al 16 de junio, en concreto a Navalpino, Alcoba de los Montes, Fontanarejo, Horcajo de los Montes y Retuerta de Bullaque para promover el cine y la música a través de Enrique Azcoaga, Jacinto Rolán, Cristóbal Simancas y Pelayo Tortajada

Del 12 al 21 de marzo de 1936 también dan a conocer cine y música en Mestanza, El Hoyo, Solana del Tamaral, Solana del Pino y San Lorenzo de Calatrava, interviniendo José Salgado y Miguel Hernández, entre otros. Finalmente del 23 de marzo al 1 de abril de 1936 cierran su periplo por la provincia con representaciones y proyecciones cinematográficas en el Campo de Montiel. Durante diez días, desde el jueves 12 de marzo hasta el sábado 21 de marzo, permanece Miguel Hernández en Puertollano.

La siguiente carta es escrita desde Valdepeñas a Josefina Manresa y el día 22 de marzo ya se encuentra en Albadalejo y el día 28 ya de vuelta a Orihuela.

Miguel Hernández en 1936
Julio Bayo, ante la casa de Miguel Hernández. Miguel Hernández en los primeros días de 1936 en los talleres de Manuel Altolaguirre y Concha Méndez  publica uno de sus primeros trabajos poéticos “El rayo que no cesa”, que en febrero ya está en la calle.

Son jornadas en las que también el poeta vive una desagradable experiencia durante una excursión por la provincia de Madrid al ser detenido y presuntamente maltratado por la guardia civil al encontrarse indocumentado, que conllevaría la protesta de numerosos intelectuales. Ya en 1932 había sido también detenido por este mismo motivo mientras viajaba en tren hacía su pueblo y conducido a la cárcel de Santo de Domingo de Alcázar de San Juan.

Días en los que también padece el dolor por la desaparición de su gran amigo Ramón Sijé, los deseos de un homenaje nacional y la edición de su conocida elegía.
La colaboración de Miguel Hernández con las Misiones Pedagógicas comenzó en 1933 en varios pueblos murcianos a través de Carmen Conde y su marido Antonio Oliver, responsables de la Universidad popular de Cartagena. La segunda misión le llevó a tierras de Salamanca en 1935, la tercera de nuevo por tierras murcianas en ese mismo año y la cuarta y última por La Mancha en marzo de 1936 junto a su amigo Enrique Azcoaga y del escritor y poeta gallego Lorenzo Varela.

Una colaboración con las Misiones que le servía de ayuda económica que sumaba al sueldo que recibía de José María Cossío, de 10 pesetas diarias, en la recopilación de información para su Enciclopedia de los Toros.

Llegada a Puertollano
La prensa local, El Defensor, nos informa que el jueves día 12 de marzo de 1936 llegaron en viaje de Misiones el Inspector Jefe de la Enseñanza de la Provincia, José Salgado, y tres estudiantes madrileños, con el propósito de visitar Mestanza, El Hoyo, El Tamaral, Solana del Pino y San Lorenzo.

El alcalde, Leonardo Rodríguez Barrera, puso a disposición de los misioneros el volquete municipal a fin de permitirles regresar a Puertollano cada noche. Dadas las malas comunicaciones con los pueblos del Valle de Alcudia y Sierra Madrona el Ayuntamiento de Puertollano ofrece este vehículo municipal para sus desplazamientos a las localidades en las que desarrollarán las misiones culturales. También se propuso la posibilidad de ofrecer una conferencia en el Gran Teatro.

Lo cierto es que no fue nada fácil la llegada hasta estas localidades, dadas las malas condiciones de las redes de caminos.“Mira, ayer y anteayer he estado en un pueblo metido en el corazón de Sierra Morena, la sierra de los bandidos, y he ido en auto. No te puedes figurar lo que me ha costado llegar, es un camino el que hemos recorrido hecho para los arrieros solamente y el que conducía ha sudado tinta. Por fin, pudimos llegar y volver y aquí me tienes, en Puertollano, de donde saldré esta mañana-ahora es muy temprano-para un pueblo que se llama Tamaral”, narra el propio Miguel Hernández a Josefina Manresa.

Anuncio de la época del puertollanero Hotel Castilla. Miguel llega a Puertollano procedente de Madrid y se hospeda durante diez días (de 12 al 21 de marzo) en el Hotel Castilla, situado en la calle Aduana, uno de los mejores establecimientos hosteleros de la ciudad. El hotel es propiedad de Martín Pérez Martín y fue uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad hasta su desaparición, con planta baja, en donde se ubicaba la recepción, un hermoso patio con bóveda acristalada, y otras tres plantas más en las que se distribuían las habitaciones y dependencias familiares.

Puertollano en 1936
Puertollano en 1936 es una ciudad de más de 20.000 habitantes que sigue aumentando gracias a la creciente masa obrera, que provoca que su demografía siga multiplicándose sin parar hasta consolidarse como una de las poblaciones más florecientes de La Mancha.

Un año que se inicia como acabó, desapacible. En enero se padece un fuerte temporal de lluvia y viento que provoca la inundación del campo y de algunas viviendas situadas en zonas más bajas.

El 22 de febrero se decreta la amnistía para presos políticos que son recibidos dos días más tarde con gran fervor y vivas a la República. El ambiente estaba bastante enrarecido con enfrentamientos entre radicales de izquierda y derecha. Una conflictividad política que culminaría con el asesinato en mayo del Jefe Local de Falange, José Hernández Novas, en la calle Talavera Baja tras haberse despedido de su novia.

En los días que Miguel Hernández permanece en Puertollano en el Gran Teatro se proyecta la película “¡Abajo los hombres!” con Libia Dimas, Carmelina Aubert y Pierre Clabel y la cuenca minera vive una tensa situación con diez días de huelga en el interior de los pozos de la Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya y en la mina San Esteban.

Cartas de amor a Josefina
Miguel Hernández durante su estancia en Puertollano escribe a familiares y amigos, dos cartas y una postal a su novia Josefina Manresa (que se conservan en el Archivo de Elche), una postal a su amigo Carlos Fenoll (Biblioteca Nacional) y otra postal a José María Cossío (Archivo Casona Tudanca).

Las cartas a Josefina Manresa son de amor o más bien para recuperarlo, después de los escarceos amorosos con la pintora Maruja Mallo y sobre todo por la necesidad de Miguel de dejar patente su cariño hacia Josefina y evitar el distanciamiento.

La primera carta sin fecha, lleva el membrete del Hotel Castilla e incluye un dibujo de un corazón y una cabecita de Josefina y Miguel.

Una de las misivas escritas en Puertollano por Hernández. El poeta no escribe antes a su novia, Josefina Manresa, hasta saber el punto exacto en el que iba a permanecer durante su estancia en Puertollano para poder recibir contestación a sus misivas.”Voy a vivir en este hotel el tiempo que haya de estar por aquí y aunque todos los días saldré por algunos pueblos, vendré a dormir a él. Cuida de poner muy bien la dirección, que no se pierda la carta, tengo muchas ganas de tener carta tuya y quiero que sea muy cariñosa y muy larga”.
Miguel quiere dejar claro que llevará su amor allá donde vaya.“Me he traído conmigo tu fotografía y en estos momentos la tengo sobre este mismo papel y no dejo de mirarte, mientras escrito. (….) Te he dado un beso que quisiera hubieras sentido en lo más hondo de tu corazón.

La echa de menos y espera volver de nuevo a su encuentro en Orihuela. “La envidia que te daba no venir tú a mi lado, a mis manos, a mis ojos y a mi querer en vez de papel”.

Más tarde escribe “tú tienes que saber desde ahora que me gustas de todas maneras. Haz con tu cara lo que parezca más discreto y mejor. (…) me olvido de lo principal es decirte lo que te quiero, guapa de mi alma, graciosa mía, fantasía de mi corazón. (….) Josefina de mis ojos. Me despido de ti sin olvidarte y queriéndote más cada día para esposa. Te necesito a mí lado, me hace falta tu corazón y te lo estoy pidiendo en todas mis cartas, me lo das en todas pero no lo siento junto a mí y me desespero”.

En la segunda carta a Josefina aparece de nuevo un dibujo esta vez atravesado por una flecha. Está escrita poco antes de salir en dirección a su misión a Solanilla del Tamaral. “Se me va haciendo la hora de salir para Tamaral y no te mando más que este corazón tan grande”(….) Veo en tus cartas aún desconfianza y recelos y te acuerdas de otros días que es preferible olvidar. Tú sabes que he vuelto a ti, a tu querer, porque tienes el mío desde hace mucho tiempo, de lo contrario no me hubiera vuelto a acordar de ti. Me da mucha pena que sufras por esas y otras muchas cosas. Como es necesario he de salir de viaje. No temas, que no me ha de pasar nada malo. (….) Te quiero. Te quiero, te quiero y nunca he de dejar de quererte. Hasta la tuya, que sea inmediatamente. Adiós. Te quiero. No te olvides de mí. Te quiero”.

Dos cartas más
También desde Puertollano escribe a su amigo Carlos Fenoll, al que informa que se encuentra fuera de Madrid por la provincia de Ciudad Real muy cerca de Andalucía.  “El otro día he pasado Sierra Morena y no puedes imaginarte qué emoción me ha dado recordar a los bandidos generosos.(…) Di a Josefina que no se acongoje por mi llegada. Serenidad. Sé su dolorosa y penosa situación y sé el remedio. Os recuerdo siempre y pronto tendré la gran alegría de estrecharos. Hasta dentro de poco, abrazos”.

La última carta desde Puertollano, fechada el 18 de marzo de 1936, va dirigida a José María de Cossío, para el que trabajaba en la recogida y recopilación de datos de su enciclopedia de toros.”He pasado por el corazón de Sierra Morena y me he sentido un poco Tempranillo. (…) Perdóneme si no voy cuando le advertí que iría. Se va a prolongar la misión diez días más de lo que yo creía. ¿Cuándo marcha a Pamplona?. No tengo lugar fijo y no podré recibir noticias suyas”.

Referencias a Puertollano
En las cartas de Miguel Hernández aparecen referencias a Puertollano. Se encuentra con un mucho más frío que el suyo, con minas de carbón y plaza de toros.“El pueblo este se parece mucho a Orihuela, aunque es más frío y más triste y tiene algo de los pueblos andaluces. En general casi todos los pueblos españoles se parecen un poco y tienen poco que ver, como no sea alguna iglesia vieja o valiosa. Aquí lo hay son muchas minas de carbón” (carta a Josefina Manresa).
A José María Cossío le informa que “en el pueblo en que me encuentro en este momento-Puertollano-hay dos o tres tabernas con nombres taurinos y una placita muy graciosa. Perdóneme si no voy cuando le advertí que iría”.

Carmen Pastrana, la maestra de Mestanza
Mestanza y Miguel Hernández estarán siempre unidos por el nombre de una mujer, Carmen Pastrana, joven maestra del pueblo al que Hernández conoce durante la visita que realiza a esa localidad junto a las Misiones Pedagógicas en marzo de 1936.

Carmen Pastrana, con sus alumnas de Mestanza. La atracción de Hernández por la maestra de 24 años es tan intensa que en una cuartilla a lápiz le escribe un soneto con una dedicatoria final manuscrita:“A mi amiga Carmen en espera de volver verla por donde sea mejor, Miguel Hernández”.

Un poema con una idealizada descripción de la joven y con versos llenos de alabanza, pese al escaso margen de tiempo que tuvo para conocerla a fondo: A tus facciones de manzana y cera:/Carmen, fruto a los pájaros prohibido,/congelado en el alba y escogido/ por una mano de oro en primavera./Hueles a corazón de trigo y era,/suenas a nido, suenas a sonido,/sabes….no sé a qué sabes, y he sabido/ que nunca he de saber lo que quisiera./Miras como los ojos del relente:/Fríamente febril y distraída/ entre flores y frutos la mirada./Hablas como el silencio y una fuente:/calladamente, y andas por la vida/ temerosa de flechas y de nada.

Algunos de los habitantes de Mestanza guardan con cariño recuerdos de la amistad que mantuvieron con Carmen Pastrana, como es el caso de Ramona Pedrero, que nos adentra a los años de maestra en esta localidad, la casa donde vivió y las gentes con las que se relacionaba. Más dificultades ha habido a la hora de encontrar alguna fotografía de la joven maestra durante sus años de estancia en Mestanza, a excepción de una instantánea entre sus alumnos.

Carmen Pastrana había nacido en 1912 en Burgohondo (Avila) y tras sus estudios de magisterio y las oposiciones es destinada a Mestanza en 1934, en donde ejercería como maestra hasta su traslado a Ciudad Real en 1961. En la capital de la provincia residiría hasta su fallecimiento en 1989, pero Mestanza había sido su tierra de acogida y también la tierra para la eternidad, allí yace sus restos junto a los de su madre y su hermano, Valeriano Pastrana.

El poema original afortunadamente está custodiado por su cuñada, María Nieves del Arco y su sobrina, María Pastrana del Arco, que nos ha facilitado una copia del mismo para su reproducción.